TU ENCUENTRO CON MARI

Mediados de septiembre y el aguacero caía monumentalmente sobre los helechos que embellecían los márgenes del camino; una especie de selva amazónica que recordaba a otras latitudes, y es que estos fósiles vivientes llevaban tanto tiempo en la tierra que habría que remontarse a la noche de los tiempos para conocer su origen.
El Templo lucía sombrío pero el agua que se precipitaba por las paredes resplandecía con un brillo muy peculiar que sólo tomaba ese matiz en otoño.
La Suma Sacerdotisa se encontraba en el porche leyendo libros viejos de astronomía, una imagen mayestática sin parangón reconocible entre la multitud. Ser la máxima portavoz de una hermandad tan antigua no era tarea fácil ni podía encomendársele a cualquiera.
Con su túnica violeta y el pelo a medio hacer reposaba en el respaldo de su confortable mecedora; así, observando de vez en cuando las vigas de la veranda donde caía incesantemente la lluvia, contemplaba la tormentosa tarde.
En aquel momento apareció Iranzu por la puerta principal, ataviada con su chal de rojo carmesí y resoplando por el frío que se cernía ya en el adelantado otoño.
Iranzu era una de las Sacerdotisas que formaba parte de la comunidad y de las más precoces en iniciarse. Izei, la Suma Sacerdotisa la estimaba especialmente. Ambas habían ya compartido múltiples vivencias y muchas de las intimidades a lo largo de los años.
Tocó su hombro con afecto y sin mediar palabra alguna se cubrió la cabeza y emprendió camino al monte.
La joven adoraba la tormenta, sabía que Mari estaba en todo su esplendor y era el momento más propicio para la oración.

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OTOÑO

Yo no puedo vivir frugalmente, no al menos en esta estación. El otoño es fértil, la tierra es sinónimo de abundancia, porque la segunda y última cosecha del año representa el remate final de aquello que hemos sembrado.
Tampoco es raro que esté haciendo estos días tan cálidos, pero no importa que la naturaleza con sus argucias trate de despistarme; la inclinación del sol en esta época del año recuerda inexorablemente la llegada del otoño hace unas semanas. No calienta igual, el ambiente dominado por el paisaje evidencia este hecho, pese a que aún albergue en mí cierta nostalgia estival.
Aquello ya pasó, la época oscura ha comenzado a predominar. No obstante, aunque el año muera a finales de este mes, en tiempo de Samhain, yo apenas he comenzado a flaquear.
Sí tengo la sensación, sin duda, de ir ligera de equipaje. A finales de verano ya pude desprenderme de todo lastre y afronto esta estación como una oportunidad, con un sempiterno gesto de rendición. Porque rendirme a estas alturas no es vencimiento, es unirme al compás de una vida que está constantemente en movimiento.

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¡Llegó Beltane!

Los helechos se presentan como una verdadera invasión. Fósiles vivientes que nos conectan con el origen antiguo de la tierra, sobreviviendo a todas las estaciones y como protagonistas absolutos en esta primavera.
Y es que entre toda la maraña los rayos de sol insisten en llegar al suelo, insisten en iluminar las ya no tan tímidas pequeñas flores que brotan por todo el bosque.
En abril el astro rey calienta y viene a decirnos que se queda, al menos durante los próximos cuatro o cinco meses, hasta que la noche vuelva a adueñarse de nuevo.
He llegado hasta los acantilados, la erosión de las areniscas han creado formas caprichosas que dan comienzo al intrincado bosque que llama a adentrarse.
El contraste térmico es notable, es un frescor que casi se agradece y que cubre como un bálsamo calmante.

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Un cuento de Lamias

Parecían aguas opalescentes allí donde se reflejaba la Lamia, con su cuerpo esculpido por los dioses antiguos. Jana era la representación de la belleza por excelencia, pese a sus pies de oca que contrarrestaba la sensualidad que la envolvía.
Así pasaban durante el día ella y el resto de Lamias, como Narciso enamorado y absorto por su propia imagen, peinándose su larga cabellera de color canela con su peine de oro.
Quedaban escasos días para el solsticio de invierno, las aguas provenían heladas por todo el lecho fluvial, no era impedimento sin embargo para que estas preciosas ninfas se bañasen en los riachuelos.
Se estaba acercando una de las más importantes celebraciones antiguas. Yule representa la fiesta del renacimiento de la luz, las noches comienzan poco a poco a ser más cortas y los días más largos.
Jana y sus compañeras habían comenzado ya con los preparativos pertinentes, creando sus propias velas, aquellas que iban a permanecer encendidas durante toda la noche esperando la llegada del primer amanecer tras el solsticio de invierno.
Pero ahora era tiempo de expansión, de juego y de cuidados a una misma. Su mundo se encontraba entre el de los humanos y el “Otro lado”. Un espacio intermedio, un velo transparente que separaba casi imperceptiblemente las dos caras de una misma moneda. Es por ello que a veces los mortales podían ver a las Lamias, que engatusados por sus encantos terminaban enamorados y enamoradas por estos seres fantásticos y misteriosos. Eran afroditas que encandilaban con sus cánticos lejanos a todo aquel que pasaba por las inmediaciones de los ríos y por esta razón resultaban ser uno de los seres más atractivos.

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El templo de Mari cap. 1

Todas ellas honran al espíritu de nuestra gran madre. En esta solemne ceremonia la Suma Sacerdotisa del templo recita palabras que recuerdan al amor incondicional, amor incondicional que inunda toda la estancia, mientras su sola presencia se muestra impertérrita e inmutable como firme estandarte de una tropa. El resto permanecen serenas y se entregan a la causa por devoción y decisión propia, para servir siempre a Mari.
No es fácil acceder a este espacio sagrado situado entre el dosel forestal y tierra firme. El camino es trazable en cualquier sentido, en cualquier dirección del bosque, pero sólo en un estado espiritual determinado se abre la veda para atravesar un nuevo portal que nos lleva a una dimensión elevada.
Un levantamiento megalítico de piedra caliza constituye el gran templo, el estrecho río franquea la entrada principal y sobre el mismo está construido un hermoso puente colmado de ornamentos y motivos florales. Un gran portón de roble da paso a la entrada principal y como no podía faltar, el omnipresente Eguzkilore destaca en lo alto del dintel.

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Muerte y Eternidad

Mis compañeros debieron celebrar Lammas hará algunos días. Val y yo estamos de regreso a casa, tras haber realizado una larga travesía y haber estado fuera suficiente tiempo como para querer volver a sentir el calor del hogar.
Pese a la reiterada negativa por parte de él de no querer venir conmigo al final pude convencerle para que se quedara con nosotros una temporada. Todavía dudo de que sea la decisión correcta, pero si vamos a tener que enfrentarnos a nuevos peligros de una dimensión desconocida, lo más sensato es que nos mantengamos unidos y entre todas las fuerzas que podamos aunar desarrollemos la mejor defensa posible.
Todo el clan parece aliviado y afligido a la vez por mi larga ausencia y no haber tenido noticias mías en tanto tiempo. Antes de interrogarnos a ambos todos me reciben muy afectuosamente y al nuevo individuo extraño que irrumpe en esta nuestra familia  y que es tan diferente al resto.
La mayoría se da cuenta de quién es, de la misma manera que también se da cuenta de que no es habitual encontrarse a un curandero como él por nuestras tierras.
No tengo más remedio que explicarles a mis compañeros el porqué me había marchado, de cómo avisé a otros semejantes al otro lado de la comarca de las amenazas inminentes que nos habían alertado el Ahari y el gran lobo blanco.
Antes de recriminarme por no haberles contado nada todo este tiempo reaccionan con la mayor calma posible y aportando soluciones para un hipotético futuro que todavía está por ver. Padme me echa una mirada de reojo, ambas fuimos testigos del encuentro con el lobo, pero en parte puedo sentir la decepción en su gesto, por no haberle dicho precisamente nada a ella, al haber vivido las dos tal experiencia y no contarle lo que me pasó con el Ahari y tampoco explicarle la razón de mi viaje.
Enseguida le devuelvo la mirada, pidiendo misericordia y comprensión, no duda ni un momento en mostrarme su benevolencia y consideración por todo lo que he vivido.

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El poderoso cazador

Transcurrieron como dos ciclos lunares desde mi llegada al nuevo mundo hasta que comprendí el verdadero valor de la caza. Varios compañeros facilitaron mi incursión en este modo de vida, al principio con verdadero pavor e inseguridad hasta que poco a poco fui adquiriendo confianza y siendo consciente de mis capacidades físicas.
Fui ganando experiencia con la práctica, aprendí a afilar lanzas y clavarlas en otros seres vivos para después proveerme de su carne y poder alimentar mi cuerpo. Pero en este ejercicio aparentemente mecánico y físico aún no había desentrañado el verdadero sentido de tal sacrificio. Deduje que teníamos que sobrevivir y que así lo dictaba el ciclo de la vida, pero más allá de la simple rutina de supervivencia no entendía lo que aquello implicaba.
Una noche de verano como la de hoy Fagan me llevó consigo a una de sus salidas sin dar mayor explicación. Dije para mis adentros “¡Oh! por fin puedo ir a cazar con el líder del grupo!”, pero él no quiso darle aquella importancia. Apenas cruzó palabra a lo largo de todo el camino, nos adentramos en una zona boscosa e intrincada que quedaba al sureste de nuestra comarca, menos montañosa, pero con mayor entorno selvático y aparentemente menos explorado y en estado salvaje.

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Gaueko

Transcurridos escasos minutos tras el atardecer, los grillos se hacen dueños y amos del monte. Escucho las últimas comunicaciones y charlas de los pájaros remisos a la retirada nocturna. Ahora puedo apreciar más nítidamente lo que éstos tratan de enseñar con sus mensajes encriptados. El ritmo, la intensidad, el tono, cada matiz, cada característica determina al ave. Y es una aparente calma la que reina en estos primeros días de junio, aturdida por el incipiente calor durante el día y el relente nocturno que envuelve mi alma. Cada vez mis ojos se van acostumbrando poco a poco a la oscuridad, una transición agradable y uniforme, porque no podría ser de otra manera.
Me resulta cada vez más complicado distinguir cada árbol entre la espesura y ya comienzo a advertir formas espectrales y bestias desde esta perspectiva. Una cordillera dentada se funde con el cielo, podrían ser árboles o el muro de una fortaleza, una hilera de conos o las fauces de una fiera. Y va anexionándose a la gran bóveda, el contraste de colores cada vez es menor, pronto aquello será negro igual que la cima de esta montaña.
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Destierro cap. 2

Sólo atiendo al crujir de mis dientes en esta cápsula insonorizada que parece ser nuestra burbuja traslúcida. Val y yo atónitos el uno con el otro entablamos una conversación libre de discernimientos y consideraciones varias. Mientras descascarillo y mastico las avellanas caídas al suelo sólo oigo el crujir de mis dientes y la voz de mi interlocutor aguerrido. Dentro de esta pompa de jabón impenetrable sólo hay espacio para la veneración y el crujir de mis dientes.
Sentada sobre la lona inmensa recojo con mi brazo de forma despreocupada una de mis rodillas y con la otra sigo ingiriendo medio compulsivamente como si fuera un verdadero ritual. Escucho casi apabullada a Val, que lo tengo delante, jovial, más vigoroso que la anterior vez pero con un gesto taciturno y preocupado.
Pero me he olvidado de todo y he desplazado lejos de mi campo de pensamiento toda idea intranquila que perturbe mi plenitud.

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Destierro cap. 1

Por encima del dosel forestal compruebo que más allá del suelo se crea un hábitat completamente distinto y uniforme. La vida en las copas y ramas de los árboles coloca a sus habitantes en una perspectiva privilegiada. Se acercan más a la posición de los Dioses que todo lo observan y todo lo ven y los dota de una suspicacia que los demás seres carecen.
A veces, prefiero no ser consciente de la gran inmensidad y me adapto a lo inesperado que acontece sobre suelo firme.
Como ya os conté al principio de mi relato podemos sutilizar la materia de nuestro cuerpo y sobrevolar por los cielos siendo menos imperceptibles para el resto de congéneres y otras especies.
El motivo de hoy no es otro que emprender un largo viaje que me dispongo a realizar y como no, disfrutar del panorama que me otorga la elevación de mi cuerpo sobre la superficie de la tierra.
Voy a ir a visitar a otros Jawi al oeste fuera de nuestra comarca, quiero transmitirles las distintas advertencias que recibí los últimos meses por un peligro inminente aún desconocido.
No soy conocedora de su situación actual, rara vez nos comunicamos con otras tribus más alejadas, necesito sin embargo, antes de con los míos y allegados, ver en qué situación se encuentran nuestros compañeros más remotos.
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